Poseen una belleza hipnótica y viva y aunque llevan siglos entre nosotros, en los últimos años se han convertido en un fenómeno de moda. Y es que los mandalas están por todos lados: aparecen en la propia naturaleza y toman la forma de objetos cotidianos, como posavasos, cojines, cuadros, joyas, colgantes e incluso tatuajes.

Los libros, cursos y talleres de creación de mandalas se multiplican y quienes practican este arte milenario aseguran encontrar una nueva sintonía con el orden natural y un mayor equilibrio y bienestar gracias a sus virtudes terapéuticas.

Pero, ¿por qué nos atraen tan poderosamente esas formas geométricas, esos patrones que se repiten combinando formas y colores? ¿Qué beneficios se obtienen al crear, colorear o simplemente contemplar un mandala?

 

 

Origen de los mandalas

Orígenes y simbolismo de los mandalas

La palabra mandala o mándala viene del sánscrito y significa círculo sagrado, círculo mágico o rueda.

El círculo representa la idea de lo divino, de la eternidad y del universo, de la unidad y del todo, la forma perfecta, sin principio ni fin, presente en todo lo que nos rodea. Se dice que los mandalas encierran un significado espiritual en su interior, que su sola contemplación tiene un profundo poder transformador y que, en su forma arquetípica, pueden despertar en los individuos cualidades como la compasión, la generosidad o la sabiduría.

Aunque son originarias de la India, las configuraciones mandálicas aparecen también en otras culturas, como en el arte cristiano medieval y gótico, en el mundo andino, entre los aborígenes australianos o en la tradición esotérica, en forma de círculos protectores, pantáculos y otros talismanes. Pero quizá los más famosos sean los mandalas realizados por los monjes tibetanos con arena de colores, que se crean para ser destruidos de forma ceremonial, recordando así la impermanencia de la realidad en que vivimos y ayudando en la práctica del desapego.
Los mandalas de arena se realizan a menudo a petición de la comunidad y con la finalidad de traer paz y armonía a los lugares y a sus habitantes, para consagrar remedios medicinales, para purificar ambientes y personas o como iniciación de algún ritual tántrico.

Según la creencia budista, la simple participación o colaboración en el proceso de creación de un mandala de arena purifica profundamente a los seres y el ambiente donde se realiza. En este vídeo se puede contemplar la construcción, durante una semana, de un mandala de arena, en la ciudad estadounidense de Asheville.

 

 

La mandalaterapia y sus beneficios

Muy probablemente fue Carl Gustav Jung quien despertó en occidente el interés por los mandalas orientales, ya que los consideraba como una expresión del yo inconsciente y los utilizó en psicoterapia para ayudar a sus pacientes a ordenar su caos interior. El propio psiquiatra se entregó a la práctica diaria de la creación de mandalas, asegurando en sus escritos que pintar mandalas aporta paz y tranquilidad y arroja luz sobre la oscuridad de nuestra mente.

Actualmente, como terapia alternativa, los mandalas se utilizan como una vía para llegar al inconsciente y llevar al exterior emociones y pensamientos muchas veces ignorados. Sirven asimismo como herramienta de trabajo interior y nos ayudan a equilibrarnos en los planos mental y emocional.

Así, a los beneficios que comporta cualquier expresión artística, en el caso de la creación de mandalas se suma el trabajo espiritual, a través de la atención plena y la meditación activa que, con la práctica, ayudan a generar armonía, paz y equilibrio interior. Además, pintar mandalas tiene otros beneficios, como: reducción del estrés, despliegue de la imaginación y la creatividad, mejora de la concentración, la disciplina, la precisión y la flexibilidad; desarrollo de la paciencia e incluso como ayuda en procesos de curación de diversas patologías físicas.

Los mandalas son también un recurso para armonizar nuestros chakras y se dice que sirven para ahuyentar maleficios y atraer prosperidad y abundancia a los negocios y que donde se trabaja habitualmente con mandalas se genera energía positiva y se recupera el equilibrio energético.

 

 

Mandalas

Cómo pintar mandalas

La única regla es permitirse libertad creativa y dejar fluir la imaginación. Una música relajante, un lugar cómodo y ganas de desconectar es todo lo que se necesita.
Se pueden pintar mandalas en solitario o en grupo y cualquier persona puede hacerlo. Se pueden confeccionar desde el inicio, con regla y compás y rellenando a mano con figuras geométricas, barras, pétalos, orlas, etc., o colorear plantillas prediseñadas. Aquí puedes ver un vídeo de un paso a paso en el dibujo de un mandala.

Cualquier soporte y material para colorear es válido: lápices, rotuladores, acuarelas… Normalmente se inician desde dentro hacia afuera, pero no es imprescindible hacerlo así; lo que sí se recomienda es que no se empiece un mandala sin haber finalizado el anterior, aunque no es preciso terminarlo en el momento.

Si se desea un efecto de relajación es mejor elegir figuras amplias y sencillas y si lo que se busca es aumentar la concentración es preferible optar por figuras más complejas y con mayor número de detalles.

En cuanto al uso de los colores, también es totalmente libre y, de hecho, la elección de los colores y formas será después muy reveladora para los expertos que se dedican a la interpretación de los mandalas usados con fines terapéuticos.

Para ampliar información sobre mandalas

En la Web existen muchos recursos para profundizar en el conocimiento de los mandalas y en la técnica de su creación o coloreado. Desde sitios donde te puedes descargar libremente plantillas de mandalas para colorear, clasificadas por temas o nivel de dificultad, como aquí, aquí y aquí, hasta esta interesante y completísima tesis doctoral sobre “El mandala en el arte y la filosofía tibetana”. Y si quieres colorear mandalas directamente desde tu Smartphone existen numerosas aplicaciones que te lo ponen fácil, como ésta para Android, por ejemplo. O ésta otra, si tienes un Iphone